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Mala prensa merecida

trash2.jpgEl lunes hablaba con un amigo sobre la grandeza de Snake Eater. El juegazo cuyo final cuestionó nuestra hombría; el título que nos hizo parar, mirar a la PS2 y decir "no, no puede ser..." Cuando el Factor Flipe dejó un poco de aire respirable, tratamos de determinar por qué es tan jodidamente estupendo: ¿por las capas y subcapas de su argumento? ¿Por redifinir el concepto del Viaje del Guerrero, y hacernos partícipe de él? ¿Por Eva? Varias y grandes razones.

Y al final mi amigo dice: "vale, estoy de acuerdo en esto. Pero dime: ¿cómo podrías hablar de todo eso si analizases el juego? Quiero decir, ¿cómo lo expondrías si saliese publicado en un medio especializado del país?"

Pues sencillamente, no podría.

La mayoría de los medios especializados sobre juegos del país están dirigidos por y para gilipollas. Atrás quedan los años en los que las publicaciones hablaban sobre el compositor de tal saga, la innovación del Sombreado Gouraud o la cagada de alguna compañía. Y muy lejos también queda el tiempo en que el público tenía el nivel mínimo para entender de qué se le hablaba. Cuidado, no es que antes todo fuese mejor, sino que era mucho menos malo.

Tras el boom del 92, a principios del siglo XXI el negocio de los juegos comienza a mover de nuevo cifras de vértigo. La fiebre PSX propició que surgieran docenas de publicaciones, flores de un día que no tardaron en desaparecer (pese a la calidad de alguna de ellas). Esta microcrisis asustó a las revistas "de siempre", pese a que nunca tuvieron problemas reales. Las ventas debián ser no buenas, sino excelentes. Había que hacer lo que fuese necesario para que entrase mucha más publicidad.

Mientras, in the old New England... La popularidad de las consolas las convierten en un objeto de presencia obligada en cualquier casa. Esto da lugar a dos tipos de público: el lego, que baila al son dictado por los títulos más sonados, y el especializado, gente fiel y aficionada que sabe lo que quiere. Dos familias yakuza enfrentadas, cuyo poder se verá definido por una tercera familia de nuevo cuño: el público adulto, aquellos que descubren las satisfacciones que les puede traer lo que, hasta entonces, consideraban como un producto para niños. Bastaba un pequeño empujón para que este grupo se uniese a una de las dos grandes facciones. La prensa especializada tenía esa responsabilidad: informarles y conducirles al sector que sabe lo que compra, capaz de definir la calidad de los productos. O bien...

O bien lo contrario. Que fue justo lo que ocurrió. Desaprovechando una oportunidad revolucionaria, Hobby Consolas, revista decana del sector, se hizo un lavado de cara con cal viva. La imagen debía primar sobre el contenido. El contenido debía tener un lenguaje mucho más accesible, explicando qué era cada cosa. Ni siquiera se respetó a este supuesto nuevo público juvenil ofreciendo un lenguaje no ofensivo (a nivel intelectual), sino que se plagaron los textos de expresiones molonguis y explicaciones ad nauseam. "Mola todo", "Mamá, qué miedito", "vaya par de... "pistolas" tiene Lara, jejeje", "un juego de lucha consiste en golpear a tu enemigo hasta que se le acabe la barra de vida". La revista oficial de Sony intentó seguir la tendencia adulta, con resultados desiguales (pero reseñables al menos en orientación, porque así deberían ser todas). El rencor de HC por perder los derechos de publicación (y en parte el favor de Sony) hizo que el rumbo de la revista se escorase aún más hacia la dirección opuesta. Bienvenidos a Imbecilandia.

La flauta sonó y las ventas subieron. Probablemente fue debido a la promoción, al poder de la imagen o sencillamente a que había una demanda intensa de información. No se sabía el motivo, así que se optó por reforzar aún más todos los aspectos del nuevo look. A este son no tardaron en unirse el resto de publicaciones, pensando que era el único camino viable. La puntilla la trajeron las boyantes cifras de ventas. Los números mareaban y la publicidad entraba a todo trapo. Pero aún querían más. Se empezaron a pactar notas, portadas y reportajes. Las compañias más jugosas podían estar tranquilas: ninguno de sus juegos llevaría mala nota, da igual de qué mierda se tratase. La única posición posible era sentarse a la diestra de Sony. ¿Y los demás? Bueno, venid con los billetes por delante y quizás podamos hablarlo...

Es muy triste de ver. A base de repetir las mismas tonterias, han conseguido que, efectivamente, sus lectores mayoritarios sean aquellos con los que tratan de conectar. Las ventas les respaldan, pero gracias a la estúpida fórmula de "o comes mierda o no comes nada". No hay alternativa. La palabra objetividad tiene demasiadas sílabas para que cualquiera de estos gañanes conozcan su significado. Dudo que en algún momento supieran de qué hablaban, ya que el símbolo del dolar en sus ojos borró hace tiempo cualquier conocimiento del sector. Ignorancia y Codicia: buen nombre para el bufete de abogados que podría regir la prensa del sector en nuestro país. En las publicaciones establecidas, la creatividad y el buen hacer son torpedeados. Si sabes de lo que hablas y te gusta hacerlo, date por jodido. Los pocos buenos profesionales del gremio pierden la ilusión día tras día, sin amparo miren donde miren. Hacia arriba solo hay un atajo de catetos sobornables. Hacia abajo, un público necio y fanático. Aquellos a los que podía dirigirse hace tiempo que pasan del asunto.

Pero que nadie se frote la barriga. A cualquiera que trabaje en prensa especializada y lea este texto, le sugiero lo siguiente: que lo copie a un documento, borre las palabras "videojuegos", "Hobby Consolas", "Sony" y "consolas" y las sustituya por términos afines al medio donde se mueve.

¿Hay alguien a quien no se le suban los colores?
18/01/2005 19:44




 

 
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