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La Magdalena

La Magdalena De cuando en cuando, le pido a Raponchiguito que me cuente la historia de Proust. No me canso nunca de escucharla. Resulta que un buen día Proust se comió una magdalena. Fue sólo un trocito, pero al probarla toda su infancia asaltó de golpe su mente. Imaginad la impresión que sufrió: estás ya en la mediana edad y te llega un caudal de recuerdos. Es normal que el hombre se quedase turulato...

El cuento es siempre diferente: a veces Proust se come una pantera rosa, otras una palmera de chocolate... Variaciones para una historia que me anima en cualquier momento. Pues lo que le pasó a Proust también le ocurre a muchos de nosotros. Como a mi. Es cierto que los sabores y aromas evocan muy bien recuerdos, pero también puedes asociarlos a otras muchas cosas. O lo que es mejor (y peor): asociar no recuerdos, sino sensaciones. Todo vale: una película, una calle, una vista, una canción, un recuerdo...

Es difícil a veces seguir con los quehaceres cuando te vienen estas sacudidas en el alma. Por eso siempre me emociono cuando el Señor Bredauteau encuentra en la cabina su caja del tesoro. Hay gente que no siente, y gente que siente demasiado. Y aunque a veces da la vuelta a un mal día, en general son pocas las ventajas de ir tranquilamente por la calle, y que un sonido o un color te mande directamente al pasado, quizás a un momento muy bueno, pero de una forma tan brusca que tienes que pararte, recuperar el aliento y cerrar los ojos, porque se te ha nublado la vista. Peeeero, si es algo que forma parte de ti y ha estado contigo toda tu vida, aprendes a crackearlo, a valerte de él. Puedes sentir cuando, haciendo algo, estando con una persona o visitando un lugar, esta creciendo una futura sensación abrumadora, que quedará siempre asociada a ese momento, convirtiéndolo en algo muy especial. O dar la vuelta a los recuerdos, convertir los malos en buenos, asociándolos a cosas más bonitas, especiales, que sobreescriban todo lo malo que tuviera antes.

¿Quieren saber de lo que hablo exáctamente? ¿No entienden el poder de estas emociones? Pregúntenle a cierta señora rubia, y a su hijo con una cicatriz en la frente. Creo que ellos lo llaman Patronus.
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1 comentario

Tones -

A mí me pasó en los Kinépolis. Olían a Coches Eléctricos De Mi Pueblo.
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